Podemos volver a vivir con nuestros seres queridos en el cielo.
La muerte no es el final
Muchos de nosotros nos preguntamos qué sucede después de morir. Algunos creen que dejamos de existir, mientras que otros creen en un cielo y un infierno. Las Escrituras nos dicen que vivíamos antes de venir a la tierra y que, debido a que Jesús venció la muerte, seguiremos viviendo después de morir.
Conocer el plan de Dios, y que la muerte es parte de él, nos ayuda a sentir consuelo y paz. Aunque lloramos por aquellos seres queridos que hemos perdido, hay esperanza; la muerte no es el final.¿Qué pasa cuando morimos?
Cuando morimos, nuestro espíritu se separa de nuestro cuerpo. Aunque nuestro cuerpo muere, nuestro espíritu, que es la esencia de quienes somos, continúa viviendo. Nuestro espíritu va al mundo de los espíritus, que se divide en el paraíso espiritual y la prisión espiritual. Para esos espíritus que vivieron vidas rectas, el paraíso es un lugar de reposo. Los miembros de la familia que fallecieron antes que nosotros estarán ahí esperándonos.
Mientras los justos descansan, aquellos que han sido inicuos en la vida vivirán en la prisión espiritual (a menudo denominada “infierno”). La prisión espiritual no es un juicio final ni un castigo eterno. Debido a que Dios es amoroso y justo, a aquellos que estén en la prisión se les enseñará el evangelio de Jesucristo y se les dará la oportunidad de aceptar al Salvador, lo cual podrá “ha[cerlos] libres” (véase Juan 8:32).
El mundo de los espíritus es un período de espera hasta que recibamos el don de la resurrección, cuando el espíritu se reunirá con el cuerpo. Nuestro futuro cuerpo resucitado no podrá morir y será perfecto, libre de dolor, enfermedad e imperfecciones. Es gracias al infinito amor de Jesucristo que todos resucitaremos.
¿Qué ocurre después de la resurrección?
Cuando resucitemos, cada uno de nosotros será juzgado individualmente por Jesús, nuestro Salvador. Ese juicio final se basará en nuestros deseos, nuestros hechos y nuestras decisiones.
Solo Dios y Jesús conocen nuestro corazón y las circunstancias de nuestra vida perfectamente, así que solo ellos pueden juzgarnos perfectamente. Ese juicio será de misericordia, sanación y amor (véase Apocalipsis 21:4).
Debido a que las obras y los deseos de cada persona varían, el cielo incluye diferentes reinos o grados de gloria. Al reino más alto, donde mora Dios, se le llama el reino celestial, seguido de los reinos terrestre y telestial. La Biblia compara nuestra recompensa eterna en uno de estos tres reinos con la gloria del sol, la luna y las estrellas. Pero todos ellos sobrepasan cualquier forma de felicidad que podamos experimentar aquí en la tierra.
El objetivo principal de Dios es ayudar a todos Sus hijos a regresar a vivir con Él en el reino celestial junto a nuestras familias. Sin embargo, las decisiones que tomemos aquí y ahora determinarán dónde pasaremos la eternidad. Debemos creer en Jesucristo, arrepentirnos de nuestros pecados, ser bautizados en Su nombre y recibir el don del Espíritu Santo. También tenemos que guardar los mandamientos durante el resto de nuestra vida y arrepentirnos cuando cometamos errores.
La salvación es posible gracias a Jesucristo.
Ni la Resurrección ni la salvación de nuestros pecados serían posibles sin Jesucristo. Él sufrió por nuestros pecados para que, cuando oremos para pedir perdón y tratemos de cambiar, podamos ser limpios. También murió en la cruz y resucitó de entre los muertos. El poder de Jesús sobre la muerte significa que todas las personas resucitaremos, tanto si creemos en Él como si no. Gracias a Jesús, la muerte no es el final.
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